Ángeles perdidos: el renacimiento

Ángeles perdidos: el renacimiento

Una carta estrujada, una pluma y un frasco de tinta abrió el cajón de los recuerdos…
Resultado de imagen de cartas

Al pasar los meses, llegué a una etapa en la que el a igualó a la misericordia, los días nublados pasaron a ser días gloriosos, el amor de la vecina quedó en el olvido, pero con el corazón un poco herido. No intenté en ningún momento, y soy sincero en ello, caer en los brazos de la vecina angustia, preferí buscar un poco de sostén emocional en las colosales imágenes del puerto perdido, allí donde hay muchas rosas y una copa de vino.

Una tarde, saliendo de la obra de teatro, así llamo a mi trabajo, encontré un cartel que decía: Barra libre de amor y una copa. Quedé confundido y hechizado, quizá el puerto perdido habría encontrado una fórmula diferente para ahuyentar a la soledad y llamar a la querida Soledad. Ese era mi sueño.

El renacer del puerto abrió el cajón de los recuerdos, un arsenal de sentimientos que fueron guardados semanas después de nuestro rendimiento, y allí estaba la nota que escribí con rabia y arrepentimiento que decía:

No creas que el tiempo curará mis heridas,
fueron tus palabras en aquella despedida,
no sientas haberme querido, pues en verdad te digo,
el amor no es más que un mito.

Quise amarte en secreto,
quise en secreto esconderte,
quise verte en secreto,
pero en ningún momento creí que perderte fuera un secreto.

Quizá con los años y las olas del mar,
borre tu nombre suscrito a las orillas de mi corazón,
pues de allí, nació el secreto de nuestro amor.

Desde ahí, viajamos un par de minutos,
nos transportamos en el tiempo,
creímos haber ganado antes de haber amado,
intentamos ser sin tan siquiera saber estar,
solo quedó la habitación del tiempo, la llamé así,
ya que allí dejamos nuestros argumentos plasmados en cálidos momentos,
será el final del momento y el inicio de algo eterno.

Así es, aunque parezca mentira, caer en la realidad fue el peor momento que pude sentir después de tu despedida, no recibí carta ni queja alguna, mi hombría quedó intacta, pero en duda. Y el amor, bien gracias que no hay duda.

El renacimiento de este amor, no es más que un triste pasatiempo, las olas serán siempre olas, las tardes serán siempre tardes y mi amor será siempre un amor. No creas que el tiempo cura todas las heridas, fuiste mi ángel perdido, hermosa y triste aventura de amor en mi vida, pero si hay algo que no olvido, es saber que tu nombre será siempre parte de los más bello vivido.

Aquí te espero, bella historia del puerto del olvido…

 

Comentarios

Comentarios

A %d blogueros les gusta esto: