Filosofía del amor: La mujer, los hijos y los canallas

Filosofía del amor: La mujer, los hijos y los canallas

Describir un hecho de forma vigorosa es el gran objetivo de enseñar y escribir, en tanto la necesidad de dar una explicación sea el objetivo, en ese proceso de construir ideas, muchas veces caemos en el pozo ciego de la positividad. “Todo está bien, todo fluye y nada nos derriba”.

En este contexto, iniciaré una dialéctica que, sin duda, y espero que sí, genere una roncha en aquel canalla que por ser llamado hombre puede aterrorizar a una mujer y sus hijos.

El objetivo de tener razón o lógica, implica un ápice de cordura, rebeldía y lucidez, pues, estos tres nos darían el beneplácito de juzgar a quien intenta vendernos el argumento atroz de la fuerza como único medio de convivencia.

Durante muchos años, me he rodeado de mujeres admirables, tuve el gran privilegio, y en cada una de ellas, he podido refutar ciertas tesis que inducen al claro error sexista; la mujer se debe al hombre. Vaya estupidez de ciertas ideologías quasi religiosas.

Al respecto, encontré más mujeres fuertes y creíbles, que hombres sinceros y honorables. Pero claro, al tratarse de canallas que imponen la fuerza antes de la razón, no existe la honorabilidad, sólo la ignorancia repugnante de valerse de sus brazos como mejor argumento de aceptación y debate. El típico animal vestido como persona.

En este viaje de negatividad hacia el comportamiento del hombre, existe el gran afectado o afectada, el hijo o la hija. Intentar que los hijos puedan entender el comportamiento de un animal en un zoológico es relativamente fácil y seguro, pues, existen vallas que impiden que estos animales salgan con su ira y su naturaleza salvaje a causar daño, por lo cual, los hijos entienden que, los animales salvajes deben estar separados de los seres humanos. He aquí el primero argumento lógico de la dialéctica.

Ahora bien, ¿es humano separar al hombre irracional como un animal? ¿Hasta qué punto podemos defender sus derechos humanos?

Una madre sola en compañía de un canalla, es como una carnada dentro del habitáculo de un tigre, dejando de lado la belleza innata de estos grandes felinos, y enfatizando en su agresividad biológica.

Pues bien, partiendo del gran error ideológico de que la mujer debe sumisión al hombre, que por cierto nació y está en vigencia en algunas religiones, es importante que el pensamiento se adelante a los hechos, que los canallas aprendan de los hombres y no de los animales. Que las valientes mujeres que conviven con animales vestidos de personas huyan y acepten que el mañana puede ser diferente, quizá una realidad dura, pero muy diferente a recibir la ira de un ser despreciable.

La antítesis de la vida, es el sufrimiento, una parte oscura que juega con la esperanza, merodea su puerta con el objetivo de hacer saber su presencia. Los hombres caen con facilidad, las mujeres la enfrentan y en muchos casos, salen victoriosas.

La tesis de este sufrimiento es la búsqueda de la verdad, pero ¿cuál es la verdad? ¿Será aquel argumento de palabras que aclaren algo? “Veritas est in puteo” La verdad está en lo profundo. Difícil, ¿verdad! Pues, es fácil cuando el argumento tiene la aprobación de la mayoría. Ahí nace la unanimidad.

El amor no se paga con fuerza, se desea con fuerza y llega cuando menos te lo piensas.

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