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Humanización política y construcción de la verdad en el siglo XXI

A pesar de las últimas borrascas que vivió el hombre en sus diversos pasajes de la vida, muchos observamos también como hombres, que la invisibilidad estaba tomando el timón de nuestro barco. Hombres y mujeres de clase indígena, campesina, color y situación económica fuimos víctimas de la represión de gobiernos. Un barco que por cierto, transportaba poder materializado en oro, estaño, drogas y cientos de barriles de oro negro. A pesar de ello, somos lúcidos hombres del perdón, del amor y de seguir viviendo. Cuando culmina el ciclo de la verdad se inicia el ciclo de la mentira con odio, un proceso que para muchos es herramienta de vida y alimento de todos los días, para unos cuantos la mentira es sustituible por la duda, hablamos pero dudamos, y para otros es la versión maquiavélica de profesar y conseguir. Al respecto, la filosofía, específicamente nuestro gran amigo Séneca, nos dejó grandes palabras que contagiaron de riqueza reflexiva y moral a los antiguos políticos romanos, y sobre el odio nos dijo: Peores son los odios ocultos que los descubiertos.

Si hay alguien tan sano, puro y que nunca mintió, que tire la primera piedra. Era el lenguaje coloquial de la época. Ahora es apostólico decir que somos amantes de la vida y debemos seguir el camino de la verdad, pero es la antítesis de la palabra evangelizadora profesar la rebelión de pueblos sin vida e inculcarles verdad con sangre. Ni las grandes monarquías del mundo entero, podrían mucho menos intentar hablar de ética o de amor a una vida, ellos terminaron con cientos y miles de vidas humanas. Si existiera una ley para penar rígidamente a quienes han asesinado a seres humanos por poder, nuestra lista tendría a dos importantes entes en el mundo; la iglesia y la monarquía.

Los tribunales de la justicia mundial hoy en día intentan detener a los que aún no son considerados asesinos y dejan con su amparo a esos países «pacíficos» a intervenir la riqueza humana de los pueblos, y luego la riqueza natural de los mismos. Al parecer, la justicia en manos de organismos internacionales expide licencias de intervención, a las que yo llamaría “licencias para matar”.

Y si continuamos en este camino, encontraremos a sujetos haciendo una política burda. Dicho esto, la justicia tiene garantías para los partidos políticos, y estos tienen mucho peso en las decisiones. Y para demostrarlo, tenemos a un país con monarquía parlamentaria llamado el Reino de España, que protege tan bien su historia y que no permite que aquellas familias que  fueron víctimas de su historia puedan ser liberadas de la duda ontológica con el enjuiciamiento de los responsables de tal a masacre. Así se supo, cuando Argentina abre el caso para investigar los crímenes del franquismo, y resulta que  será improbable que España deje extraditar a los sospechosos, a tal punto de optar a una amnistía a dichos crímenes. Sin duda alguna, quién más que el Juez, Baltazar Garzón lo está viviendo en carne propia, querellado por investigar los crímenes de «Franco».

Hablamos de dictaduras, comentamos sobre la liberación de pueblos, atribuimos gran responsabilidad a sujetos que con una pisca de dogmatismo dicen cambiar nuestras naciones, y al parecer nuestra humanidad no evolucionó en pos de conseguir la verdadera identidad de su realidad. Cada 4 años, somos víctimas y responsables de nuestra realidad y durante esos largos 4 años somos financiadores de los partidos políticos, que una vez conseguido el poder legal y luego material, deciden esconderse en países cómplices de la amoralidad.  Aun así, el proceso de la casta política no muere, seguirá el rumbo de la demagogia política y el enfrentamiento de pueblos, de razas, de lenguas y de jergas. Observamos con pasividad y luego con agresividad intentamos resolver las diferencias, peculiar forma de ignorar la ignorancia de la sociedad. Un pueblo laico y un país en democracia política deben luchar por la reconstrucción de la identidad actual, competir e innovar por la defensa de los derechos humanos, los derechos universales del niño, los derechos universales de la mujer, y por sobre todo dialogar e investigar horas y horas por la libertad a la vida digna. Necesitamos sujetos políticos dignos que den la vida por la vida y su libertad por la liberación de mentes, almas y cuerpos.

Este siglo XXI, podrá ser el inicio de la reivindicación de toda magno-ente que tiene potestad o poder dentro de cada soberanía, tales como la Iglesia Católica; es necesaria y obligatoria devolverle al pueblo esa riqueza espiritual que ha conseguido con las experiencias sangrientas de la misma historia, una iglesia que entregó mucho a la sociedad, pero que también consiguió demasiado con la fe. Con dicho argumento de liberación cristiana se destruyeron estructuras que podían ser reconstruidas, pero las vidas humanas nunca podrán volver a la vida física, por ello será un gran avance cuando la iglesia también reestructure sus fundamentos de creación y el porqué de su existencia dentro de la política de un estado.

El ser humano de este siglo merece la humanización en hechos y la construcción de la verdad para la defensa de los verdaderos derechos de la sociedad política, económica o religiosa.  Liberar y unir las naciones sin importar la raza es la misión, y Mahatma Gandhi dijo algo colosal al respecto: Sostengo que cuanto más indefensa es una criatura, más derechos tiene a ser protegida por el hombre contra la crueldad del hombre.