Los 5 segundos de Hanan

Los 5 segundos de Hanan

Las fronteras son imaginarias cuando se habla de algo puro y sincero, no existen barreras para crear algo maravilloso en nuestras vidas. Una niña de nombre Hanan, que en japonés significa “mujer risueña”, nos sumerge en una bella historia de romance, de tristeza y de realidades. Pero además de ello, aventuras bellísimas al son de la música.

Hanan, nace en 1867, una época de cambios en la sociedad japonesa, y más conocida como la época Meiji. Allí tan solo era una niña, una bella niña de ojos brillantes e hija de un noble cortesano de baja categoría, pero que luego a la edad de 2 años fue adoptada por otro noble. A partir de ahí su vida dio un cambio lleno de aventuras.

Una niña que miraba el horizonte como si fuera el último día, que necesitaba de la naturaleza para ser ella misma, dibujaba corazones en la arena con pequeños trozos de madera. Desde muy niña soñaba con encontrar el verdadero amor, hacer realidad la leyenda del hilo rojo, una leyenda que habla acerca del destino de las personas sin importar el tiempo o las distancias, siempre estarán conectadas a través de un hilo rojo.

De esta manera, Hanan, cada noche miraba las estrellas en el firmamento y creció creyendo que en alguna aparte del universo estaba esa persona destinada para vivir las mejores aventuras. Ella sabía, que podría pasar en el momento que menos se lo esperase.

Con el transcurrir de los años, Hanan, aprende que la vida es una pequeña caja de sorpresas, y esta pequeña caja no siempre puede traer bellas noticias, también aquellas que harían derramar lágrimas de tristeza. A los 15 años la niña pierde a su padre, el noble que la había adoptado cuando ella era una pequeña figurita de pequeños ojos. Recibió uno de los golpes más duros, su padre era la única persona que entendía sus sueños. Las otras personas sólo se reían o no le prestaban atención a sus “infundadas” historias. Tras esta pérdida, Hanan decide salir a la aventura, intentar hacer realidad aquello que desde niña había soñado.

Emprendió un viaje largo, llevó un pequeño bolso y dentro tenía lo más valioso, una pequeña caja donde estaba un recuerdo que decía: “5 segundos, tu destino”. Ese detalle estaba tallado en madera y hecho con las manos de su propio padre.

Atravesó diversas situaciones, noches sin dormir, días enteros sin comer, pero siempre con una sonrisa en el rostro, no importaba la situación que estuviera pasando, ella quería estar feliz. Y el destino premió su felicidad, y un día menos esperado, Hanan llegó a una pequeña población de gente muy humilde, personas que no tenían esperanza, que sólo esperaban que la noche llegue y así poder cerrar los ojos. Es allí donde Hanan conoce a un humilde joven, una persona que también soñaba desde niño, en su caso, soñaba en ayudar a su comunidad, sacarlos de la pobreza y viajar en busca de nuevas y bellas historias. Ambos eran soñadores del destino. Ambos se habían encontrado.

Tuvieron las 2 semanas más bellas de su vida, compartieron y vivieron muchas aventuras, ayudaron a muchas personas, contaban historias mágicas a los niños y niñas. Pero llego el día en que Hanan quería seguir su viaje, y por otra parte el joven, quería ayudar a su comunidad. Entonces fue el momento más tenso de su historia, separarse. Hanan no deseaba dejar de lado sus sueños, pero tampoco quería dejar al amor. Y allí surgieron muchas preguntas: ¿Cuándo estaremos juntos? ¿Volveremos a tener aventuras? ¿No te olvidarás de mí? ¿Y nuestros 5 segundos?

Hubo silencio durante 2 días, ninguno de los dos quería dar el paso decisivo, ya que, de hacerlo, uno de ellos debería olvidar por un momento hacer realidad sus sueños.

Hanan, dedicó una noche entera en saber qué podría hacer, buscaba respuestas y señales, pero el destino no se pronunciaba. De hecho, ya se había pronunciado, ellos ya se conocían. La misma noche, pero casi al amanecer, Hanan se dio cuenta que debía seguir su camino, que el hilo rojo los mantendría conectados por siempre, y que, en algún momento de sus vidas, quizá volverían a reencontrarse.

Tal vez, ambos brillarían estén donde estén, que harían felices a las personas a quienes conocieran, ya que los corazones de ambos eran sencillamente puros, que cualquier persona se sentiría feliz de recibir un amor como el suyo. Es la esencia de saber que el tiempo y el espacio brindan la oportunidad de ser felices, y si no lo hacen en ese preciso momento, la magia del destino pierde su fuerza, por lo cual, todo lo que pudo ser, no será más.

El destino de Hanan fue seguir su camino, no olvidar a su alma gemela y llevarla siempre en su corazón.

Esta historia continuará…

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