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Política: príncipe y esclavo

Las realidades dentro de un argumento ideológico, sean estas, mal llamadas pues, izquierdas o derechas, pero conocidas por la población como tal, son determinantes para la elaboración de un análisis crítico y objetivo. Al respecto, la sociedad civil, por darle un calificativo normal, no pretenden surcar grandes riesgos a la hora de decidir y criticar. Pues temen, que el bienestar o la comodidad a la que han estado acostumbrados desaparezca de su presente. El miedo al «estado y sus gobernantes» se apodera de su verdad ideológica; la razón.

Más allá del prejuicio y la inclinación ideológica hacia la política, hay una verdad tan sabia y tan rotunda que manifiesta «Niccolò Machiavelli» en su célebre libro, El Príncipe. Y citó: «…:los males que nacen en él, cuando se los descubre a tiempo, lo que sólo es dado al hombre sagaz, se los cura pronto; pero ya no tienen remedio cuando, por no haberlos advertido, se los deja crecer hasta el punto de que todo el mundo los ve.»

En definitiva, la situación delicada que atraviesa el socialismo en varios países de América latina, atrae la atención de propios y extraños, nobles y plebeyos, imbéciles o intelectuales. Una realidad social que -tejió- su propio destino, una enfermedad anunciada y que será muy difícil de curar. Pero no imposible sanar.

Ahora bien, mucho cuidado con los vecinos o aliados políticos, el camino a seguir sería el mismo. Tal es el ejemplo, del llamado «Socialismo del Siglo 21», que atraviesan uno de los momentos más delicados desde su apariciónn, existe una fuerte tentación de sus mandatarios, de ostentar un poder sin límites, aunque esto lleve a su misma destrucción.

Finalmente, las Magnificencias deberán vislumbrar, desde su humilde morada, que el pobre no saldrá de la pobreza de noche a la mañana, y que el rico no se quedará con las manos cruzadas esperando perder su fortuna. Pues, así como hay ricos con pobreza ética, también hay pobres carentes de ella. Y tal realidad, debe enfrentarse “sin discriminación de clases”, y acompañarlas con políticas sólidas y visibles -NO- con simples palabras que dejan al dicho como una verdad única o absoluta; el dogmatismo.

El temor de un «Príncipe» es que el pueblo pierda el miedo a la grandeza de su Magnificencia.