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Dios ignora la política

Los hombres que caminaron en el ayer, fueron dejando huellas que ningún explorador logró encontrar. El porqué, quien sabe en qué pensaban y el objetivo que buscaban. Difícil situación que en el ayer no supieron deducir. Pero un buen día, las mentes que se dedicaron a descifrar códigos de la historia humana, quedaron sorprendidos, ya que las huellas que dejaron esos hombres no eran solamente en el barro o en las cavernas, fueron huellas de sabiduría en cada una de sus palabras y escritos. A partir de ahí, el fracaso rotundo del explorador que solo buscaba huellas físicas terminó con la especie ya en extinción. Y al abrir los ojos, fue demasiado tarde.

Sin embargo, el papel de Dios entró en escena. La antigua Grecia, invocó a los grandes dioses para hacer surgir a toda una civilización, y provocó una gran revolución cultural de la historia universal. Así pues, nació la política. Pequeños y humildes hombres dotados de grandes mentes pensantes proponiendo magníficos escritos que hablaban de la integridad y el saber. Uno a uno entregó a la sociedad diversos discursos, y hasta en su lecho de muerte se despedían con palabras tan sabias. Un tal Séneca (Lucius Annæus Seneca)  decía cosas tan sencillas como esta:

En tres tiempos se divide la vida: en presente, pasado y futuro. De éstos, el presente es brevísimo; el futuro, dudoso; el pasado, cierto.

Séneca, no fue el único, pero fue incomparable.

Después tenemos a Aristóteles y el “Animal político”, Descartes y el “Discurso del método”. Y así enumeraríamos a cientos de hombres sumergidos en una idea y dignos de recibimientos apoteósicos. De esa manera fue creciendo la filosofía y las diversas doctrinas  y escuelas filosóficas del ayer que perduran en el hoy. Pero claro, las calles comentan la ausencia del supremo creador, al parecer Dios creyó que el bienestar social estaba en manos de una política honesta, responsable y transparente, que sus líderes son mentes pensantes, leales y humanos con sus semejantes, y por tal motivo, se olvidó de echar una mano a una política burda y absurda de las 2 últimas décadas. Ignoró por completo una pieza fundamental de la realidad actual.

Y así, en la actualidad caminan hienas hambrientas disfrazadas de seres humanos que dicen velar los intereses políticos, económicos, sociales y culturales de un país. Muchos de ellos, gozan de privilegios, inmunidades y peculiares acuerdos para continuar en sus cargos hasta que la muerte los separe. Lo que en las calles llaman; dedocracia eterna.

Teológicamente, si Dios existe, que no ignore el pensamiento de la sociedad, y que esta sociedad no ignore las señales para cambiar este caminar.