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Soy perfectamente inexperto, pero te amo: te escribo a ti

Cuántos fueron los días que la luz de nuestros ojos iluminaron el camino de la dulzura, del romance, la ternura y todas esas formas mágicas que nacieron de nuestras miradas. Quién diría que la mañana amaneciera tan agraciada y glamurosa, pero claro, ahí estabas, dormida y acurrucada a mi lado, preocupada y expectante de mi partida. Sabías que teníamos las horas contadas, los minutos no tenían precio, eran nuestros momentos donde juntos soñábamos a ser eternos. Almas gemelas y dispuestos a luchar contra viento y marea. Al amanecer sentía un beso  de despedida, un suave y glorioso momento, minutos después despertaba y te habías marchado. Quedé solo por varias horas –una eternidad sin tu presencia, sin tus caricias y sin tu risita – no quería más nada y solo aguardaba tu retorno.

Ahora me doy cuenta que los puertos del amor no tienen precio y nunca lo tuvieron, y al sentir tu ausencia sentí un gran vacío en mi existencia. Solo quedaba mi filosofía, esas auténticas palabras que te enamoraban y te hacían sentir una mujer afortunada.

Pues, bien, te escribo a ti, a ese corazón espontáneo que vivió desde el primer día de nuestro encuentro, a esa mágica sonrisa que enamoró a un hombre solitario. Jamás olvidaré esos soplos bellos de la vida y será un regalo hermosísimo que guardaré en mi caja de sentimientos.

Te escribo a ti,  a quién más podría darle mis humildes palabras, aquellas que viajaron con tanta ilusión y sentimiento aguardando un abrazo –pero–un abrazo como si fuese el último día en nuestra historia de amor. Solo eso te pedía, un poco de amor materializado en sutiles bisbiseos de sentimiento.

Te escribo a ti, con el corazón en la mano, con los sueños congelados y un pasaje de pasión sin retorno. Es así, fue así y posiblemente sea así hasta que llegue el día en que nuestras pasiones se conviertan en recuerdos. Y a pesar de ello, te guardaré un lugar privilegiado, atesoraré y cuidaré de ti aunque tan solo seas un recuerdo.

Te escribo a ti, y nunca dudes del amor que te tengo, pero si la vida quiso unirnos, fuiste tú quien decidió enfrentar e impedir tal deseo. Por ello, me quedarán algunas interrogantes, algunas efímeras y banales, casi sin importancia, pero la más grande y más dolorosa es aquella palabra que escribías y pronunciabas cuando me enamorabas: TE AMO. Minutos después te convertías en alguien sin sentimientos para alguien que según tú solo existía en la infinidad de la nada.

Te escribo a ti, a esa figura pasajera, algo que para mí no tuvo gran importancia, lo que en verdad amaba de ti estaba más allá de tu cuerpo, más allá del sexo y de las pinturas que adornaban la intensidad de tus miradas. Me enamoré de algo bello que decidiste destruir y tirar a la nada; tus bellos sentimientos.

En estos últimos reglones de tonto enamorado y amante sin experiencia, te escribo a ti para que estas palabras sean las culpables de lo que pudo ser y nunca llegó a ser nada. Sin embargo, la vida es una caja de sorpresas y traerá nuevos corazones para ser apresados con este amor que ahora está guardado y que pudo ser tuyo, pero por tus acciones estará oculto hasta el día en que aparezca alguien cómo tú  –pero tal y como eras al principio de nuestra historia – ya que la actual TÚ solo vale para el olvido.

 

Te escribo a ti, siempre  y cuando recuerdes lo que en verdad eres.